El llegar a mentir de una forma casi enfermiza tocó su fin gracias a la revista digital Forbes. El artículo “Hack Heaven”
Adam Penenberg, periodista de Forbes digital mediante una simple consulta a Internet detectó que la empresa que mencionaba Glass no aparecía. En palabras del propio Penenberg, “una historia espeluzante, pero no verdadera".
Y aquí, lo trascendente no es sólo el detectar los largos cuatro años de mentiras albergados en una de la revistas de comentario político con más renombre, sino quién fue el que lo detectó. En la interminable lucha que enfrenta cada día a los medios digitales con los tradicionales, este caso supone un punto a favor de la información digital.
Muchos pensarán cómo las patrañas de un individuo dieron para tanto. Es decir, cómo consiguió colárnosla durante cuatro años, cómo pudo ocurrir esto en uno de los medios más prestigiosos de los EE.UU, ¿no existía ningún tipo de control?
El filme ofrece una interesante reflexión acerca de una profesión cuya base es la veracidad y objetividad y qué ocurre cuando estos no son los dos criterios periodísticos en los que se basa la labor de los profesionales de la comunicación. Probablemente Glass pensará que el camino hacia a la grandeza, la fama el prestigio y la atención permanente y gloriosa había sido simple. Gracias a una inmensurable capacidad inventiva y fabuladora, en un corto periodo de tiempo había logrado encaramarse a la cima de la fama, sin embargo como dicen por ahí “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”, y en esta ocasión el refrán se reafirma.
¿Hasta donde llegan los límites para alcanza un buena posición en cualquier ámbito laboral? ¿Vale todo pare ser un profesional de renombre y admirado por el resto de la plantilla? Obviamente, la mentira ha sido hasta ahora una de los recursos más utilizados para aquellos que desean saltarse un largo camino de esfuerzo y llegar rápidamente a la etapa de los logros profesional y el reconocimiento. Sin embargo, resulta paradójico emplear esta técnica en una profesión que si no se fundamenta en la verdad y la honestidad no es profesión.
Y
ahí está la destreza de “El precio de la verdad” para recrear un mundo de competencia y rivalidad por el dinero, la notoriedad y el triunfo, donde algunos no juegan limpio y donde todos deben defender y velar por la verdad por encima de cualquier cosa.
Además, mediante la sucesión de las distintas escenas que configuran la película, se le ofrece al espectador una amplia visión de la política y psicología que rige una redacción, cómo se desarrolla el día a día, las relaciones entre profesionales…
En definitiva, una presentación de ética periodística y lo qué acarrea faltar a la responsabilidad profesional.
A continuación, en este vídeo (en inglés) utilizado en los cines americanos para anunciar el típico "próximamente en los mejores cines" podréis ver las líneas generales de la película.





























